Patricia

Patricia perdonó el abuso sexual del que fue víctima cuando niña

Para todos generalmente recordar la niñez es sinónimo de felicidad: sonrisas, amigos y buenos ratos junto a la familia. Pues bien, a mí no me pasó lo mismo, por mucho tiempo quise negar mis recuerdos de infancia sin entender la razón de dicho tabú. Luego, al acercarse el nacimiento de mi hija de repente sentí esa extraña sensación de todo volcado al mismo tiempo a mi mente: recuerdos de una niñez alegre, pero una niñez con muchos extraños y repetitivos episodios de escenas sexuales con mis primos, hijos de amigos de mis papás y mi abuelo cuando no tenía más de cinco años…

Sí, vengo de una familia con muchos hombres, donde como única mujer y con un ambiente permanente de fiesta y trago tuve que enfrentar desde muy chica esta cruda realidad, realidad que pensándolo bien, no entendí de niña, no sabía que no era un juego, no sabía que debían existir una edad, una madurez y unas razones para poder compartir la intimidad con otra persona.

Mi reacción inmediata fue culpar a mis padres por no haber puesto la atención que debían, en un ser tan frágil como lo es una niña de cinco años, culpar a mis primos y los demás niños y culpar a mi abuelo. Sentí mucho odio, irá, ¡¡quise irme de este país para siempre y no volverlos a ver nunca más!! Pero… ¿para qué? Luego de mucho tiempo con esta mezcla de sentimientos y a pocos días del nacimiento de mi pequeña Andrea comencé a entender que tanto odio no servía de nada, que esta irá no iba a regresar el tiempo para evitar que estas cosas sucedieran, que no iba a volver a ser niña para poder remediar la situación, que no iba a volver a ser adolescente para haberme podido valorar un poco más y haber tenido más valor por mi cuerpo y que estaba en el hoy y el ahora con un hogar formado, una carrera promisoria, una hija por nacer y, sí, ¡con unos padres amorosos y unos primos amigos! Mi abuelo… murió hace un tiempo de muerte natural y soledad infinita.

El odio no sirve de nada. Si de algo estoy segura hoy es que mis papas jamás quisieron hacerme daño, tuvieron una paternidad muy jóvenes y tal vez no comprendieron la responsabilidad de tener una niña en un mundo hostil… creo que nunca imaginaron los juegos a los que podía ser invitada una niña a esa edad. Mis primos y amigos… pequeños exploradores de un mundo extraño y lleno de sensaciones. Mi abuelo, probablemente víctima de una enfermedad mental que nunca demostró…y de la cual creó que no fui la única víctima.

Lección:
1. ¡Papás, por favor no descuiden nunca nunca a sus hijos en fiestas, en reuniones. No confíen en nadie! Sus hijos son un tesoro preciado y como tal no puede perderse de vista en ningún momento.
2. Personas que pasaron por lo mismo… ¡Ánimo! Todo en la vida pasa por algo, tal vez a mí me paso para poder dar hoy testimonio y contribuir a que haya menos maltrato sexual infantil en el mundo.

3. A mis padres y primos: ¡los perdoné y los amo! En un corazón humano solamente pueden caber pensamientos bondadosos si es que queremos cambiar el mundo.

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