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La historia de Martha Luz: ¿Para qué?

Soy una más de la gran cantidad de madres que por décadas han sido golpeadas por la violencia en Colombia. Que me quitaran un hijo de apenas 20 años (Alejandro) y que la perspectiva para el sobreviviente (Juan Carlos), de tan solo 22, fuera una vida vegetativa, a la vez que la salud de mi esposo (Francisco) se quebrantaba y nuestra relación tambaleaba, me puso en un profundo conflicto que tan solo la fe, el ejemplo de la Virgen María, el amor, el ideal de ser ejemplo de vida para Juan Carlos y el afán de validar la vida de Alejandro me permitieron evolucionar.

¿Qué tenía yo?

Alejandro había cumplido su misión y, por lo tanto, era hora de volver al Padre, aunque el medio y el momento no me gustaran. Me pregunté para qué había venido a este mundo; para qué me lo habían encomendado durante 20 años; qué me había enseñado y cómo hacía su presencia perdurable.

Juan Carlos estaba vivo y yo tenía que volver a enseñarle a VIVIR. Pero, ¿qué es vivir? ¿Para qué nos dio Dios la vida? Y con respecto a Francisco, mi esposo, ¿cómo podía ayudarlo a superar su dolor y su angustia, sin perderlo?

Desde joven había aprendido a preguntarme no el porqué de las situaciones que se nos presentan sino el para qué; cuál es el propósito detrás de cada acontecimiento. Entonces oré. Pedí luz y amor y comencé a recibir palabras, abrazos, ayudas, maestros y en cada uno reconocí ángeles que Dios ponía en mi camino y que yo recibía, agradecía y obedecía. En la medida en que Juan Carlos día a día se recuperaba milagrosamente yo preguntaba: ¿para qué Dios me da todas estas bendiciones; serán para que yo no sufra? ¡Seguro que sí! Aunque, también con seguridad, debo tener una misión más allá de no sufrir.

En agosto de 2004, vi a Juan Carlos recibir su grado de Ingeniero Electrónico y agradecí infinitamente por su recuperación, pero de nuevo me pregunté, ¿para qué? Entendí la trascendencia y poderes del perdón: debía reconstruir mi vida, mi familia y dejarle un legado a mis nietos, los hijos de Juan Carlos que ya no tendrían tío ni a quién más recurrir. Me di cuenta de que el único que tiene condiciones y poder para juzgar es Dios y comprendí que no tengo los argumentos ni conozco nada que me faculte para juzgar los seres que de cualquier manera infligen dolor a los demás, a la sociedad o a la vida misma.

¿Unos seres carentes de Dios y de ley, que asumieron la violencia como único medio para expresar su inconformidad y enriquecerse rápidamente, que me causaron una pérdida irreparable, un infinito dolor y destruyeron gran parte de mi vida, merecían que les entregara lo que me quedaba de ella consumiéndome en el rencor y la zozobra? ¡Decididamente NO! Y no me iba a convertir en otro ser igual a ellos al obrar de la misma manera. Con fe y la ayuda de Dios, haría la diferencia.

Por eso aprendí:

Que el perdón libera a quien lo otorga, pues eso ocurrió con nosotros y continuamos creyendo en la gente y aportándole al país y a la vida.

Que cada cual es el único responsable de su proceso personal.

Que como viviera el resto de mi vida era mi elección y comprobé que el mejor regalo que Dios nos dio fue el Libre Albedrío.

¿Qué hacer entonces? ¿Cómo continuar? ¿Cómo transformar la muerte en vida? Encontré la respuesta que cambió mi vida y mi familia: era hora de comenzar a hacer algo cada día y desde mi entorno, para que esto que nos hizo tanto daño no lo tengan que volver a vivir otras mamás ni otras familias.

Con la ayuda permanente de Dios y la presencia ausente de Alejandro, logré comprender el infinito amor de mi esposo y consolidamos nuestro matrimonio. Uniendo nuestras facultades y talentos apoyamos a Juan Carlos a recuperarse y reasumir su vida, gracias también a su fe inquebrantable, su tenacidad y su compromiso. Creo no equivocarme al juzgar que los tres hoy somos mejores seres humanos. Esa fue nuestra elección.

Yo conocí, disfruté y aprecié el poder sanador de las manos y comprendí el significado y el alcance de un duelo. Decidí entonces aprender y sigo capacitándome constantemente y hoy realizo un programa con el que acompaño a las personas en sus procesos de evolucionar sus pérdidas. También hemos desarrollado un taller llamado “Misión Con-Sentido” en el que invitamos a las personas a iniciar el proceso de autodescubrir su misión personal, el para qué están en este planeta porque es indispensable que todo ser humano tome conciencia de su papel y su responsabilidad en la creación y decida poner su grano de arena para contribuir a dejar el mundo mejor de lo que lo encontramos.

“No hay final que no pueda considerarse un principio”. Anselm Grün

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7 Comments

  1. Cuando tenemos claridad en nosotros mismo y nos amamos como somos. Es cuando podemos perdonar a los demas por a quellas cosas que nos pasan or nos hacen. Tu has envontrado tus paz interior y te felicito.

    • Paola, gracias por el comentario que dejaste hace un tiempo en Plan Perdón. Te invitamos a visitar nuestra nueva página, tenemos ahora las historias en video para hacerlas más fáciles de ver y también hicimos un video de presentación/promoción de Plan Perdón que te compartimos y te agradecemos nos ayudes a difundir.
      http://planperdon.org/que-es-plan-perdon/
      Cordial saludo
      El equipo de Plan Perdón.

  2. Valentía!!! Esa sería la palabra que los decribe! Que bonito legado!!! A dónde se puede obtener información de Con-sentido?

  3. Se fue Alejo pero en su corto tiempo al lado d todos los q compartimos con él dejo demasiadas cosas maravillosas. Es un ser q jamás nadie olvidara. Juan Carlos también dejó una gran enseñanza q rodeado d amor se pueden superar las barreras. Siempre presente Alejo.

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