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El perdón en el duelo y más allá de la muerte.

De ser cierto lo que afirma la Dra. Elsa Lucía Arango, en su libro Mundos Invisibles, el perdón tiene un rol fundamental en dos procesos relacionados con la muerte: 1. En lo que tiene que ver con el duelo en el momento de enfrentar una pérdida, es decir, para el que se queda en este plano y que es demostrable a través de la evidencia y 2. Al momento mismo de partir, es decir, para el que muere, que, por basarse en experiencias personales, no es estrictamente comprobable.

En cuanto al primero hemos hablado en oportunidades anteriores. La importancia de desapegarse, de soltar lo que sea que hemos perdido. Cuando nos enfrentamos con la perdida de un ser querido, lo cual inevitablemente provoca tristeza, profunda aflicción y nos sumerge en un proceso de duelo, se hace necesario saldar cuentas, declararnos a paz y salvo a pesar del daño y las memorias de dolor que existan con el fin de superar satisfactoriamente ese estado. Perdonar, liberar al que se ha ido de “la obligación” de mostrarnos su arrepentimiento y repararnos por lo que nos hizo, o, cuando viene al caso, liberarnos a nosotros mismos de hacerlo, son decisiones que ayudan a sanar las heridas que surgen tras la partida de un ser querido. Dice la Dra. Arango que “la única opción sana es perdonar. Es reparador para el que se queda, ya que al perdonar puede salir de ese cuarto oscuro donde los introdujo el asombro y tal vez la rabia de que alguien cercano le ocasionara daño, voluntaria o involuntariamente.”

El libro es enriquecedor y es una lectura recomendada para quienes afrontan la pena por la partida de un ser querido y están buscando herramientas para sobreponerse a ésta. Sin embargo, también lo es para todos aquellos interesados en prepararse para la muerte propia y de los demás, algo que todos deberíamos hacer siendo tal vez la única certeza que tenemos.

Para nosotros en Plan Perdón es importante resaltar lo que tiene que ver con las emociones, en general, y el rol del perdón, en particular, cuando hemos partido de este mundo. Valga decir que la Dra. Arango no es la única que se refiere al tema. Son varios los autores que cuentan en sus libros las experiencias de personas que han regresado de la muerte y que coinciden en una idea común que la Dra. Arango describe así: “Esos viajeros involuntarios al Cielo, que regresan al mundo terrenal, vienen con la tarea de enseñarnos que el mundo emocional cotidiano tiene una enorme importancia real, como puerta de entrada al Cielo; nos animan a cuidar y observar nuestras emociones y las de los demás; a que aprendamos a cuidar de nosotros mismos y de los que nos rodean. Nos invitan al respeto, generosidad, tolerancia, cariño: riqueza espiritual invaluable con la que debemos ir mejorando la atmosfera emocional a nuestro alrededor.

Así pues, la importancia de nuestras emociones a lo largo de la vida es una de las líneas conductoras de Mundos Invisibles. Parece ser que al momento de partir de este plano dejarán de ser relevantes nuestra experiencia profesional, el saldo en nuestra cuenta bancaria o el tamaño de la casa en que vivimos. En ese momento lo único que pesará en nuestra alma, usando el léxico del libro, serán las emociones que marcaron nuestra vida y las que provocamos en los otros. Muchas veces se ha dicho que al momento de nuestra muerte pasará ante nosotros la película de nuestra vida, pues bien, esa película mostrará específicamente las emociones que sentimos y que provocamos en los demás: ahí pasarán, de acuerdo a lo narrado por la Dra. Arango, las imágenes de lo que nos ha causado dolor, frustración, alegría, compasión, etc, y también veremos las veces que hemos causado lo propio en otros. Al final un inevitable cuadre de cuentas y la posibilidad de avanzar en nuestro camino para trascender o el sentir la necesidad de ponernos en paz antes de seguir.

Ahí está lo esencial del libro. Hoy podemos perdonar más, vivir más livianos, sonreir más y abrazar más. Empezar a vivir como si éste fuera el último día de nuestras vidas, de que ésta puede ser la última vez que veamos a esa persona que tenemos en frente y recordarles con frecuencia a nuestros seres queridos cuánto los amamos. Por supuesto que podemos hacer lo contrario (de hecho lo haremos pues no podremos deshacernos de nuestras imperfecciones humanas) y podemos seguir causando dolor y humillación a otros. La clave siempre estará en nuestra capacidad de perdonar y de pedir perdón: de ser capaces de continuar nuestro camino hacía adelante en paz, sin ataduras emocionales a nuestro pasado. Porque, por si fuera poco, de acuerdo con la Dra. Arango, “esto permite que de vida en vida traigamos la sumatoria de lo que hemos ido aprendiendo en nuestro mundo emocional durante sucesivas encarnaciones.”

Son quizás teorías que pueden creerse o no pero que están ahí a nuestro servicio.

MUNDOS INVISIBLES

 

 

 

 

Ser vulnerables

Cómo empezó Plan Perdón?

Video 3.

Video 2.

Video 1. Serie Qué es el perdón?

Qué es la Pedagogía del Perdón?

Te has dado cuenta que el conflicto hace parte de tu diario vivir. Es constante, a tal punto que parece que hiciera parte de nuestra naturaleza como seres humanos, que fuera inevitable. Basta con despertar para tener que lidiar con conflictos internos debido a decisiones, frustraciones, al malestar por algo que salió mal, en fin, sí está en nuestra mente no hay forma de escapar. Pero luego empezamos a interactuar con otros y la fricción escala porque hay una discusión en casa, por los desacuerdos en el trabajo, por la agresividad del taxista, porque vemos en las noticias que hay un nuevo round en la eterna pelea entre el gobernante de turno y quien antes ocupó su mismo cargo. Es desgastante. Sin embargo, y tal vez sin notarlo, en todo momento estamos perdonando, dejando ir, soltando, no tomándonos determinadas cosas demasiado en serio, de otro modo la convivencia en sociedad seria imposible.

La pedagogía del perdón se trata de dotarnos de herramientas para ser capaces de soltar cada vez más esas cosas que nos pesan y de hacerlo con más frecuencia. El objetivo final es que podamos vivir más livianos, más empoderados y más felices.

Cuál es el modelo del ser humano ideal para ti? Para mi es uno amoroso, generoso, que confía en si mismo, en los demás y en el ritmo de la vida. Que no aspira a la perfección ni la exige a nadie, porque comprendió, como entendió Dalí, que nunca la alcanzaría y que es capaz de resolver sus conflictos pacíficamente, porque los acepta como una constante inevitable de su vida, como un elemento necesario para aprender a respetar la diferencia que nos permite ocupar un mismo lugar, sin importar si hablamos del mismo hogar, del lugar de trabajo, de la ciudad o del mundo. Ese ser humano ideal lo entiendo como un ser espiritual que está teniendo una experiencia humana y no como un humano que a veces tiene experiencias espirituales, parafraseando a Pierre Teilhard de Chardin. Que por esa razón se ve a sí mismo como parte integral del todo, hecho del mismo material del que están hechas las estrellas y el mar, y del mismo del que estuvieron hechos Jesús, Gandhi, mi padre y tu abuela. Por eso ve los conflictos como un escalón fundamental en su proceso evolutivo, en el que no hay coincidencias, errores ni situaciones dejadas al azar.

Y el modelo de sociedad perfecta? Acaso no podemos aspirar a vivir en ella? Nosotros creemos que podemos aspirar a vivir sin violencia, que podemos aprender a resolver nuestras diferencias a través del dialogo, sin que su existencia signifique un riesgo para nuestras vidas o nuestra integridad. Por qué no creer que es un escalón al que entre todos podemos empujar juntos?

Recientemente me he dado a la tarea de observar las reacciones que se producen después de que hay grandes actos violentos. Como siempre, los que llaman a la venganza y reaccionan con violencia son los que más ruido hacen, pero paralelamente también hay quienes tienen reacciones opuestas. Por ejemplo, en los ataques de Paris de 2015 en el que murieron más de 90 personas, Antoine perdió a su esposa, con quien recién había tenido un hijo. Bueno, pues él escribió primero una carta y luego un libro a los atacantes que se llama: no tendrán mi odio. Y en Colombia también ha habido casos similares. A mi me ha impactado Natalia Ponce de León desde que reapareció un año después de que su rostro y parte de su cuerpo hubieran sido desconfigurados por el ácido arrojado deliberadamente contra ella. Contrario a lo que hizo su abogado o muchos de nosotros, ella jamás ha dicho nada que incite a la violencia y más bien ha tomado una actitud proactiva para evitar que nadie más vuelva a sufrir lo que ella ha sufrido. La enseñanza que hay en estos dos ejemplos que mencionamos, es que se puede reaccionar sin odio, sin echarle leña al fuego y por el contrario, asumiendo completamente la responsabilidad del futuro, con un empoderamiento que permita construir sobre las cenizas.

La pedagogía del perdón capacita al individuo para actuar de una manera distinta frente al conflicto. Le permite recuperar su balance y actuar desde allí con todo su potencial. Es una apuesta por empoderar al ser humano, por devolverle ese potencial que ha olvidado debido a la culpa, al dolor y a las cargas emocionales que ha ido acumulando a lo largo de la vida.

La apuesta es ambiciosa porque abarca todas las dimensiones del ser humano, pero vale la pena intentar aprender más del perdón, una herramienta que hasta ahora ha sido subutilizada.

Un video para contarles lo que estamos preparando este año

Inauguración de exposición fotográfica  en el Consulado de Colombia en Bélgica

Texto tomado del sitio web del Consulado. Bruselas Noviembre 16 de 2016. En las oficinas del Consulado General de Colombia en Bruselas se llevó a cabo la inauguración de la exposición fotográfica “Los Rostros del Perdón” que consta de ocho fotografías, en las que se presentan seres humanos comunes que han experimentado situaciones inimaginables y que han sido víctimas de situaciones de violencia que los han marcado para siempre. Sin embargo, todos tomaron una decisión trascendental: perdonar a sus agresores.

El inspirador de la exposición, David Giraldo Gómez, Director de la Fundación Plan Perdón, hizo énfasis durante su charla y el diálogo que se realizó a continuación en que las decisiones de las personas retratadas en la exposición son ejemplos que permiten descubrir en el perdón una forma poderosa de resolver conflictos individuales y sociales, rompiendo los ciclos de violencia generados por el odio, re-creando nuevas posibilidades, nuevas realidades, esas que los colombianos tanto necesitamos cuando empezamos a construir un país reconciliado y en paz.

El acto fue instalado por el Cónsul General de Colombia en Bruselas, Héctor Arenas Neira, quien dio la bienvenida a todos los invitados, subrayando que el Consulado siempre tiene las puertas abiertas para todos. Se contó además con la presencia del Embajador de Colombia ante Bélgica, Luxemburgo y la Unión Europea, Rodrigo Rivera Salazar, quien invitó a reflexionar sobre el tema del perdón y su importancia en la coyuntura actual por la que atraviesa nuestro país para finalizar el conflicto y dar lugar a la paz.

Los numerosos asistentes, la mayoría de ellos colombianos residentes en Bélgica, así como varios extranjeros amigos de Colombia, se mostraron interesados en conocer con mayor profundidad las experiencias de perdón vividas por las personas que aparecen en las fotografías, así como el impacto que el perdón y la reconciliación pueden generar en la sociedad colombiana.

La exposición permanecerá abierta al público durante los meses de noviembre y diciembre en las oficinas del Consulado General de Colombia en Bruselas.

Embajador de Colombia en Bélgica, Dr. Rodrigo Rivera, durante la presentación de la exposición Los Rostros del Perdón

Notes from an intimate conversation on forgiveness 

St Ethelburga´s. London, UK. June, 2016.

Forgiveness is a daily act of humility, a prompt for conversation, and an invitation to see others as equals. It can be a map to find the path to hope and trust.

Let’s sit together and allow some time for us to look into what has made each of us special and what has made all of us special. Let’s sit together and spend some time with the person on your right. There are not specific questions to ask, let the conversation take its own course. A few minutes later Juan Carlos, Yadira Miguel, Patricia, Pastora and Sigifredo became part of our conversation on forgiveness; characters from Plan Perdon’s thought-provoking and inspiring exhibition, Faces of Forgiveness. As if they were present in the room, each one of us spent some time looking at the portraits of these six inspiring Colombians who have embraced forgiveness. Just as if they were talking in the room with us, they were given a voice by whomever was introducing their story. The attendees became their voices and shared what they could grasp from the pictures and the testimony attached to them.

We explored four thematic points during the evening:
– The question around whether  forgiveness depend only on us; an individual act. Can it be aided and supported by others, and other events around us?
– The idea of forgiveness being a process, not simply a decision.
– We explored together the mechanisms and tools that can facilitate the process, including humanising others, trying to understand their stories and to walk in another’s shoes. The group discussed the importance of context and life choices, and ultimately the importance of seeing the alphabet, the wider story, and not simply the individual letters and what we think we know and understand.
– Finally, we explored the importance of reaching out for those things in life that bring us gratitude, remind us of the importance of generosity and bring us hope even in the midst of darkness. Plan Perdon’s exhibition and similar stories of forgiveness can inspire and encourage others to find a path to forgiveness and to embrace it.

The situations we all find ourselves involved in are not always our own responsibility; the challenges and difficulties we face can be the consequence of other people’s decisions and actions. This can apply at both an individual and an institutional level. But it is us, each as individuals who have the choice to leave or embrace the pain or the hope. All six stories used in the exhibition include pain, deep hurt and grief- but are also packed with hope, and a determination to embrace a future free of hatred and bitterness about the past. Forgiveness can also be a gift, an offering to ourselves, and also to future generations.

We closed our deep encounter by holding those around the world who have been affected by war and terrorism close to our hearts, not apportioning blame, but holding love and generosity to those around us as an intention.

For more information on the work of Plan Perdon and of ReD you are welcome to visit  our websites and our Facebook pages.

FOTO 2 ST ETHEL

El perdón, una herramienta para desbloquear áreas de la vida 

¿Hasta qué punto los eventos del pasado tienen un efecto negativo en nuestras relaciones, en nuestra salud o en nuestra prosperidad? Me refiero por supuesto a esas experiencias que han implicado dolor, frustración, desilusión, rabia, odio. Porque si hay algo que podemos afirmar con certeza es que ninguno de nosotros ha escapado a experiencias de este tipo, ni tú, ni yo, ni nadie: ellas hacen parte de nuestra configuración como seres humanos. Todos, absolutamente todos hemos sido heridos, lastimados, dañados, a todos nos han quitado algo, tal vez un ser querido o una cosa de valor. Sin embargo, nadie podría establecer una regla que determine la gravedad de estos hechos, que permita comparar quién ha sufrido más o quién ha sido lastimado más en comparación con otros. Nadie podría decirnos tampoco cómo debemos actuar (reaccionar?) ante determinado evento y lo que ante los ojos de alguien podría ser una perdida mayor, para otro podrá no tener sentido. ¿Puede la muerte de la mascota de la niña eventualmente afectar a la mujer adulta? Algunos dirán que es sensiblería y estarán prendiendo sus alarmas sobre este artículo. Pues hace poco,  mientras trabajaba con Helena, ella reconoció cómo esa pérdida ha afectado su vida adulta para relacionarse con otros pues el miedo de perder algo/alguien que ama, está presente y le impide abrirse por el miedo a perder.

Espero podamos coincidir en que cada uno de nosotros ha sido herido o dañado de diferentes formas que a su vez han impactado nuestras vidas de manera negativa y en que todos reaccionamos de forma diferente ante una situación determinada.

Por otra parte, es tanto el ruido que hay afuera que no podemos detenernos a escuchar la voz que a veces viene a nuestra mente a decir que hay algo más para nuestra vida. Los condicionamientos son tantos que es fácil creer en la imposibilidad de pasar a un siguiente nivel en nuestras vidas: la edad, el sexo, las condiciones económicas, el país, la identificación con un suceso de dolor o con sus consecuencias, etc. No, no hay ninguna razón para cargar el peso del dolor por la persona que te abandonó o para identificarte por el resto de tus días con la pérdida. Hacerlo es una decisión personal, por supuesto y no soy yo quien para decirte si estás en lo correcto o no. Lo que sí puedo hacer es recordarte que hay otras posibilidades para ti, que tu vida puede ser diferente y por qué no, también mejor.

Mi trabajo con el perdón me ha demostrado que una razón por la que nuestras relaciones no marchan como quisiéramos, por la que tenemos quebrantos de salud o situaciones con el dinero, radica en un conflicto que se quedó sin resolver en el pasado, o que se hizo de una manera que nos llevó por el camino equivocado y que hoy muestra unos resultados determinados.

Muchas veces, más de las que desearíamos, nos encontramos experimentando situaciones cargadas de rabia, en las que el jefe o la pareja resuelven todo a gritos y también (aunque esperaría que son menos esas veces) somos nosotros mismos los que echamos mano de la agresividad en medio del tráfico o con alguien en casa. ¿De dónde viene esa manera de reaccionar?, ¿Qué hace que creamos que es normal actuar de esa manera? Yo nunca he creído que lo sea y he hecho lo posible por actuar diferente, por expresar mis puntos de vista y mis desacuerdos de una manera tranquila a pesar de haber sido un adolescente iracundo con una habilidad increíble para lastimar cuando me sentía atacado, hasta cuando me dí cuenta que mi rabia hacía otros era la rabia que tenía hacía mi padre. Reconocer esto fue el primer paso de un proceso que continuo perdonándolo a él por el daño que me había hecho, por el dolor que me había causado tanta rabia y que nunca le había podido manifestar pero que sin embargo, descargaba en otros, infructuosamente. Más adelante volveré sobre el proceso de perdón como tal, basta por ahora decir que perdonar puede ser la clave para desbloquear áreas de la vida en las que estamos estancados, que nos producen dolor o  simplemente, resultados distintos a los deseados.

Qué ofrece el perdón a la Colombia de hoy?

Cada vez con más frecuencia, los colombianos nos encontramos con esta palabra que, al parecer, dejó de estar reservada para las iglesias y los cultos religiosos, para reclamar un lugar en la vida política. Tal vez no sea una simple coincidencia con el proceso en La Habana, pero ¿el perdón tiene realmente algo que ofrecer a la Colombia que se prepara para dejar atrás décadas de conflicto armado?

En los últimos años hemos conocido múltiples historias de personas que han perdonado experiencias vividas y que revelan alcances novedosos de dicha decisión. La posibilidad de poner punto final a un conflicto concreto a nivel personal, de romper ciclos de violencia y de crear nuevas realidades más benéficas -no sólo para las personas involucradas, sino para sus entornos- son apenas algunos de ellos. La historia de Nelson Mandela, por mencionar una, es irrefutable en ese sentido.

Tales historias han surgido tanto en el marco del conflicto armado como fuera de él. Una adolescente que perdió la movilidad en sus piernas por un acto de matoneo escolar; un político que pasó 7 años secuestrado en las selvas colombianas y luego 5 meses en prisión acusado de planear su propio secuestro y el de sus compañeros; una madre con una hija desaparecida y un hijo asesinado en su búsqueda, entre muchas otras, son experiencias que ofrecen una perspectiva objetiva e innegable de los alcances del perdón.

Yadira Perdomo, por ejemplo, la adolescente mencionada antes, se ha puesto al frente de una campaña para prevenir el matoneo escolar en Colombia y Pastora Mira García, la madre que por años buscó el cuerpo de su hija con sus propias manos, que ha sufrido los rigores de la violencia desde que era niña y que en circunstancias inexplicables, terminó haciendo curaciones al asesino de su padre y también al de su hijo. Hizo de su experiencia la razón para liderar la recuperación de San Carlos, municipio del oriente antioqueño.

Estas historias contienen elementos comunes que permiten inferir que perdonar es un proceso personal, voluntario, que permite a las personas romper sus ataduras con la experiencia traumática, para retomar el control de sus vidas y para rehacerlas a partir y a pesar de tal experiencia. Lo que para nada significa renunciar al derecho de obtener justicia, de conocer la verdad de lo qué pasó o de ser reparado por ello. Perdonar, en ninguno de estos casos, ha sido igual a olvidar ni ha equivalido a impunidad.

Por el contrario, condicionar el perdón a la obtención de justicia puede eventualmente tener un efecto negativo para quien ha sufrido una ofensa porque algo tan íntimo como superar el dolor personal queda pendiendo del cumplimiento de circunstancias externas: que el sistema judicial actúe o que lo haga a su favor, por ejemplo, lo que puede ser una fuente adicional de frustración que sólo prolongará el dolor.

Con ocasión de los diálogos de La Habana, algunos argumentan que en Colombia no puede hablarse de perdón hasta que no haya verdad, justicia, reparación y garantía de no repetición para las víctimas. Este es, sin duda, un ideal al que legítimamente se debe aspirar como grupo, aunque me temo que ese objetivo tan esperanzador podría convertirse en decepción para muchos a nivel personal. El inmenso número de víctimas implica tantos retos que no es difícil prever lo problemático que será garantizarles el cumplimiento integral de tales condiciones a cada una de ellas.

No hay ninguna razón para someter sus procesos individuales de perdón a condiciones indeterminadas en el tiempo. Esta es una etapa que puede y debe iniciarse en Colombia, paralela e independientemente de lo que suceda en La Habana. En ese sentido, sería pertinente ofrecerles la posibilidad de participar en procesos de perdón que les apoye a superar las consecuencias emocionales que el conflicto les ha causado teniendo presente que, en todo caso, hacerlo es una decisión personal y voluntaria. Esta es una aproximación que al empoderar y beneficiar al individuo, termina por beneficiar también a su entorno.

Varios estudios han probado que un gran porcentaje de los responsables de abusos fueron en el pasado víctimas de ellos. De allí que el gran reto de poner fin a la violencia que afecta a la sociedad colombiana pasa por resolver también los traumas causados por ella a nivel individual, con el fin de romper el ciclo.

Sobra advertir que el perdón no es una fórmula mágica para resolver los retos de la compleja situación colombiana, aunque, independientemente de nuestras creencias religiosas o posiciones con respecto al proceso de La Habana, sí es un concepto que merece ser incluido en el paquete de soluciones para poner fin a la violencia en nuestro país. De ahí la necesidad de una pedagogía del perdón que nos capacite para usarlo de una mejor manera.

Conocer experiencias de perdón, reflexionar sobre ellas sin apego a dogmas religiosos o políticos, abrir espacios para conferencias con sus protagonistas, facilitar talleres que apoyen procesos individuales, son apenas algunas de las herramientas que los colombianos podemos usar para entender mejor los alcances de este concepto y beneficiarnos de él. *David A. Giraldo es abogado con maestría en derecho internacional público y es el director de la Fundación Plan Perdón (www.planperdon.org), que existe con el objeto de facilitar y promover estas herramientas con el fin de contribuir a que podamos encontrar en el perdón una alternativa para la construcción de paz.

David Giraldo para el portal Pacifista (www.pacifista.co) publicado el 10 de marzo de 2016.
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Usted no tiene que anhelar la venganza después de los ataques como los de París. Yo no lo hice después del 9/11

Después de pasar por un evento traumático y haber visto suficiente la muerte y la matanza, es razonable tener una respuesta pacifista.

Michele Lent Hirsch. (Publicado en The Guardian 19 Nov 2015. Traducido por @davidgiraldo10) 

No soy una criatura serena que no puede entender la venganza. En mi vida cotidiana, en situaciones de poca relevancia, me identifico con las ganas de vengarse de alguien.

Pero cuando se trata de la violencia inimaginable – de esos momentos en Beirut o París que nos hacen cuestionar la bondad de la humanidad – hablar de venganza me hace cuestionar también esa bondad. 

Mi falta de interés en este tipo de venganza no aparece de la nada. Yo estaba en una escuela secundaria en el bajo Manhattan cuando dos aviones se estrellaron contra el World Trade Center el 9/11. Mis compañeros y yo vimos gente saltar desde las ventanas de las torres a través de la nuestra y sentimos nuestro edificio tambalearse mientras los del otro lado de la calle colapsaban y caían.

Vimos las caras de nuestros maestros contorsionarse mientras gritaban. Cuando las luces se apagaron, bajamos a tientas las escaleras y corrimos por una avenida: dejamos de ser jóvenes. También respiramos las toxinas que permanecían en el aire después de los ataques y muchos de nosotros, incluida yo misma, ahora tenemos cáncer y trastornos de estrés postraumático como resultado de los ataques.

Ahora, cuando hablo con algunos otros que estaban allí ese día, compartimos un cierto tipo de desconcierto sobre algo que he notado: muchas personas que solamente experimentaron los ataques en la televisión quieren venganza mucho más que mis compañeros y yo. Más que aquellos de nosotros con enfermedades graves a causa del 9.11, o los que han tenido problemas para dormir durante los últimos 14 años porque las imágenes del fuego nos siguen despertando.

No estoy seguro de lo que es, alguien me dijo recientemente. Yo tampoco. No sé por qué algunos de nosotros que estuvimos allí en realidad nunca quisimos comenzar a bombardear a otros, mientras que tantas personas que estaban a millas de distancia querían una guerra (y la tuvieron). Para mí, al menos, la proximidad a la violencia impensable hace que quiera evitar más matanzas, aquí y en todas partes. La violencia que experimenté me hace estar segura que nuevos hechos de violencia no serán buenos, no por cualquier razón, no cuando yo sé lo que se siente al ver que un edificio explote, o cómo un niño pierde a su brillo después de verlo.

Así que después de los ataques a París y Beirut – después de pensar una vez en el metal retorcido y en cuerpos destrozados y en el retorcimiento general de nuestra especie, y después de que Francia puso en marcha de inmediato los ataques aéreos de represalia – pensé en los sobrevivientes en París, y los sobrevivientes en Beirut y en los civiles atrapados y en peligro en Siria.

Pensé en lo que quisiera decirles a ellos, cuando el miedo termine y los sentimientos más complicados empiecen a hacer efecto: está bien si en su tristeza no desea devolver el golpe. Está bien si se pone nervioso cuando la gente habla de bombardear a los culpables. Está bien que no quiera que otros sufran lo que usted ha sufrido.

No estoy sola en este sentimiento. Justo la semana pasada, después de la noticia de que los EE.UU probablemente había matado al terrorista de al-Qaida Mohammed Emwazi, Diane Foley, madre de una de sus víctimas, el periodista James Foley, dijo a ABC News que ella no encuentra consuelo en saber que el asesino de su hijo ha sido ubicado y asesinado. Su hijo, dijo, hubiera querido paz, no represalias. No más violencia. Ella dijo que el asesinato de un hombre con problemas no le hace sentir, a pesar de la mordaz pregunta del presentador del noticiero, que hubo justicia.

No tiene por qué haber ninguna gran razón política para no querer que la violencia engendre más violencia. No tiene por qué venir de un lugar intelectual, o de saber que la venganza puede ser un ciclo sin fin. Puede venir de saber cómo luce una persona cuando huye de un edificio en llamas. Puede venir de saber que usted ya ha visto bastante gente morir.

No tendrán mi odio

De Antonine Leiris para los autores de los ataques de París, donde murió su esposa Helene.

La noche del viernes robaron la vida de un ser excepcional, el amor de mi vida, la madre de mi hijo, pero no tendrán mi odio. No sé quiénes son y tampoco quiero saberlo, son almas muertas. Si ese Dios por quien matan tan ciegamente nos ha hecho a su imagen, cada bala en el cuerpo de mi mujer habrá sido una herida en su corazón.
Así que yo no les daré el regalo de odiarlos. Lo están buscando, pero responder al odio con la cólera sería ceder a la misma ignorancia que hace de ustedes lo que son. Quieren que yo tenga miedo, que mire a mis conciudadanos con ojos desconfiados, que sacrifique mi libertad por la seguridad. Perdieron. Sigo siendo el mismo de antes.
Yo la he visto esta mañana, finalmente, después de noches y días de espera. Ella estaba tan hermosa como cuando partió el viernes por la noche, tan bella como cuando me enamoré perdidamente de ella hace más de 12 años. Por supuesto que estoy devastado por el dolor, les concedo esa pequeña victoria, pero será corta. Sé que ella nos acompañará cada día y que nos volveremos a encontrar en ese paraíso de almas libres al que ustedes jamás tendrán acceso.
Nosotros somos dos, mi hijo y yo, pero somos más fuertes que todos los ejércitos del mundo. Y ya no tengo más tiempo para darles, tengo que volver con Melvil que ya ha despertado de su siesta. Tiene apenas 17 meses de edad. Va a comer su merienda como todos los días, después vamos a jugar como siempre y, toda su vida, este pequeño niño les hará frente siendo feliz y libre. Porque no, no obtendrán su odio.

En los zapatos del otro: la guerra que quiere ganar un expolicía y exparamilitar

Por Juan José Toro. Publicado octubre 25, 2015 en el Portal Pacifistas

Duván Ernesto Barato delinquió con las Autodefensas Campesinas de Meta y Vichada (ACMV), más conocidas como Los Carranceros, en Puerto Gaitán y Puerto López. En sus días como paramilitar, se dio cuenta de que no tenía sentido acabar con la guerrilla usando la violencia y dejando en la mitad a la población civil. En 2006 se desmovilizó y ahora, después de un largo camino, es psicólogo y trabaja ayudando a reinstertados y víctimas en procesos de perdón y reparación. En un encuentro de Rodeemos el Diálogo contó su testimonio:

“Yo soy doblemente desmovilizado: me desmovilicé de la Policía Nacional de Colombia. Antes de ser paramilitar fui patrullero. Hasta ahí, yo tenía la idea de que los grupos armados ilegales eran los malos, pero cuando uno entra a conocer las historias de la gente que está en el grupo ve que la mayoría entraron jóvenes, de 15 a 17 años. Por venganza, porque la guerrilla les mató al papá o les violó a la mamá. Otros lo veían como opción económica. Pero, una vez adentro, cometían errores y el mismo grupo los ajusticiaba.

Me hice paramilitar por voluntad propia. Eso fue en la época del proceso de negociación entre el gobierno Pastrana y las Farc. Cuando uno hace parte de una organización armada legal, ahí empiezan a meterle un chip: que el comunismo es malo, el guerrillero es malo, el sindicalista es malo, todo el que proteste en contra del Estado es malo. Y uno cree que ellos tienen la verdad absoluta.

En ese momento, la figura de Carlos Castaño empezó a tener una relevancia grandísima. Los medios tuvieron mucho que ver, porque lo entrevistaban cada quince días. El tipo tenía una forma de hablar que arrastraba. Entonces nosotros pensábamos que si por lo legal no estábamos haciendo nada y ellos sí hacían algo, pues no íbamos a permitir que la guerrilla nos absorbiera y nos volviera un país comunista. Teníamos muchos imaginarios errados.

Muchos integrantes de las Fuerzas Armadas dimos el salto a la ilegalidad. Y cuando uno está en la ilegalidad se da cuenta de que las autodefensas secuestraron, torturaron, desaparecieron, masacraron y se financiaron del narcotráfico.”

“Uno se empieza a cuestionar: si yo me salí de lo legal y me pasé a lo ilegal porque quería proteger al pueblo del comunismo y de la guerrilla, ¿por qué estamos utilizando las mismas estrategias de guerra y de miedo de los otros?  Yo me pregunto eso y empiezo a pensar que tenemos que cambiar algo, que no puede ser que usemos los mismos métodos de lo que queremos acabar. Esas palabras llegaron a los comandantes del grupo y creyeron que yo era infiltrado. Entonces decretan mi fusilamiento. Un compañero me alcanzó a avisar y tomé la decisión de desertar.

No inicié mi proceso de entrega en Villavicencio porque yo sabía que las instituciones estaban permeadas. Cuando un integrante del grupo desertaba y se entregaba en la brigada del Ejército, los mismos militares se comunicaban con los comandantes y les decían que alguien se había volado, para cobrar tres o cuatro millones de pesos. Entonces me entregué en Bogotá.

Cuando me uní a los paramilitares, abandoné un trabajo y a mi hija de ocho meses. Mi familia me daba por muerto. La confrontación con ellos fue difícil. Mi mamá me preguntaba muchas cosas, todos estaban muy aterrados y yo estaba confundido. Ahí fue cuando empecé a pensar: ¿a qué vine yo acá? Dejé la guerra y me vine a poner la cara. Pero había otro miedo: el estigma de terrorista y asesino que tendría que enfrentar”. Duván empezó el proceso de reinserción con el Ministerio de Defensa. En esa época, Bogotá tenía más de setenta albergues para desmovilizados. Los hogares de paso duraron poco, sobre todo por problemas de seguridad.

“Al comienzo es muy complejo enfrentarse y hablar con el que antes era el enemigo o la víctima de uno. Cuando me desmovilicé, era fiel a la causa paramilitar. Luego, al enterarme de que las personas con las que convivía en el programa de Atención al Desmovilizado eran excombatientes de las Farc y del ELN, pensé que estaba en la boca del lobo. Pero recordé que yo estaba ahí en otra dinámica. Concluí que quizás estábamos peleando por la misma idea pero en bandos diferentes.

Salí del albergue y empecé a recibir los auxilios. Quise empezar a estudiar, yo no quería quedarme quieto. Lo que ofrecían para desmovilizados eran cosas muy pequeñas y estaba desmoralizado, hasta que llegó la oferta para educación superior. Siempre me había inclinado por la psicología. Ahora, después de todo un proceso, puedo decir que soy psicólogo de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz desde 2013. Algunos de los profesores sabían que yo era desmovilizado pero no hubo mayor inconveniente. Yo trataba de mostrarme como era, porque no creo que uno deba llevar la marca en la frente.”

Los desmovilizados de las Autodefensas debían cumplir una ruta que tiene preparada el programa, donde estudian, reciben atención psicosocial y se les orienta laboralmente. Cuando Duván terminó su carrera, decidió trabajar con el Programa de Atención al proceso de Desmovilización y Reintegración en Bogotá. Luego, con la Fundación para la Reconciliación, trabajó con víctimas.

“Dentro del programa de Atención al proceso de Desmovilización y Reintegración, nosotros hacemos conversatorios en los colegios sensibilizando no solo sobre grupos armados ilegales sino sobre pandillas o microtráfico. El programa ha cambiado mucho sobre la marcha. Las ayudas económicas empezaron a bajar y eso causó mucha fricción dentro de la población excombatiente. Hay que reconocer que muchos se dedicaron a nuevas formas de delinquir.

El proceso de reintegración no es para todos. La parte psicosocial es muy importante. Muchos de los desmovilizados con los que he trabajado, cuando no encuentran un lugar donde encajar, se van, se aíslan y empiezan a generar rabia.

Lo que nosotros tratamos de evitar, y que está pasando mucho, es que se le diga al desmovilizado que se olvide de su pasado, que se haga pasar por otra persona, que nunca más hable de lo que hizo. Y eso muestra que los procesos de atención psicosocial están desajustados. Están tratando de encajar una pieza cuadrada en un hueco redondo.

Desde que yo hago trabajo con víctimas, ha sido con la Fundación para la Reconciliación, con las Escuelas de Perdón y Reconciliación. Cuando uno cuenta su historia hay un choque en las personas. Uno está hablando con quienes sufrieron las consecuencias de su militancia en un grupo armado.

Intentamos ayudar a que esas personas liberen su carga, suelten el dolor y el rencor, y que en un momento traten de ponerse en el zapato del otro. No se trata de justificar las acciones de los desmovilizados sino de llegar a comprender qué los llevó a estar ahí.

Con la Fundación hemos hecho trabajo con víctimas en Arauca, Leticia, Antioquia, Norte de Santander y Casanare. Y no solo con víctimas del conflicto armado, sino también de violencia familiar, del abandono estatal, de accidentes, etc. Al final, a las víctimas siempre les causa sorpresa que alguien de un grupo armado los haya formado en procesos de reconciliación.”

En su camino como reinsertado, psicólogo y ayudante en procesos de reparación, Duván se dio cuenta de que la cárcel puede no ser la mejor forma de combatir la violencia. Entendió que hay formas alternativas que, en vez de encerrar a un delincuente a que genere más rabia, le da herramientas para que se pueda adaptar a la sociedad.

“En el imaginario de mucha gente está que debemos pagar cárcel porque somos malos. Pero hay que ver que nuestro sistema carcelario es un desastre completo. Una cárcel no rehabilita a nadie. No se preocupan por el ser humano más allá de darle cama y comida. Cumpla su pena y adiós. No hay un modelo que permita de verdad reintegrar al interno a la sociedad.

Lo que proponemos  es que podamos hacer un trabajo que ayude a las comunidades que uno afectó. Mejor que estar allá comiendo y durmiendo, yo prefiero que participemos en procesos de reparación, que demos la cara por lo que hicimos, que nos identifiquemos y contemos nuestra historia.

A la sociedad hay que cambiarle el chip y que se ponga en los zapatos del otro. Lo urgente es resolver esas dualidades que hay: que queremos que se acabe el conflicto pero no que nos pongan al lado a un desmovilizado. Que queremos que se acabe la guerra pero nadie va a emplear a quienes estuvieron en armas.

De aquí en adelante el camino va a ser jodidísimo. Ponerse en el lugar del otro es lo más complicado que hay, porque persiste el imaginario de que el desmovilizado tiene que ser malacaroso, con cualquier cantidad de cicatrices y que siempre va a hacer mal.

Muchos de nosotros hemos roto ese nudo, porque no nos quedamos en el estigma, sino que empezamos por estabilizarnos. En la medida en que estemos bien vamos a poder ayudar a los demás. Lo que muchos desmovilizados necesitan no es que les den plata, porque eso no ayuda si no hay acompañamiento. Muchas veces lo único que piden es que los escuchen, que les den un abrazo sincero.”
Artículo tomado del Portal Pacifista! Para ver el artículo allí haga clic aquí

PERDON, EL SECRETO DE LA PAZ EN UGANDA

Sthephen Oola, el director para Uganda de Peace Direct, examina nuevos estudios que demuestran el poderoso impacto que el perdón puede tener en la construcción de paz.

Los ugandeses practican el perdón ampliamente tras el conflicto armado. Esta es la conclusión de un nuevo estudio realizado por el Refugee Law Project de la Universidad Makerere y el Centro por los Derechos Civiles y por los Derechos Humanos de la Universidad de Notre Dame, “Forgiveness: An Asset for Peacebuilding Unveiled”. Practicado en combinación con otras medidas de justicia como la responsabilidad judicial, decir la verdad y la reparación, el perdón tiene un gran potencial para la construcción de la paz y la estabilidad en un país que ha experimentado conflictos armados por 44 años, desde 1962.

Uganda

Esta conclusión puede llegar de sorpresa para lo que se conoce como la comunidad internacional: las Naciones Unidas, los abogados internacionales, las principales organizaciones de derechos humanos y las organizaciones no gubernamentales que practican lo que ha llegado a conocerse como “justicia transicional”. El idioma preferido de éstas entidades ha sido la justicia legal, que se ha plasmado en comisiones de la verdad, reparaciones y, especialmente, el castigo judicial. Las torres gemelas de la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya pueden considerarse como la catedral de la justicia legal. Es la máxima aspiración de la comunidad internacional.

Uganda, por supuesto, juega un papel protagónico en la historia de la CPI. Fue aquí donde la CPI dictó sus primeras acusaciones en 2005. Hoy en día, ni uno solo de estos criminales ha sido condenado. Mientras tanto, en las aldeas, casas e iglesias, decenas de ugandeses han ejercido un tipo muy diferente de respuesta a la violencia: el perdón.

El hallazgo más sorprendente del estudio es cómo ampliamente ugandeses han practicado el perdón. No es sólo el “santo raro” quien ejerce esa virtud. En nuestra encuesta nacional llevada a cabo en cinco distritos – Luwero, Gulu, Amuria, Kasese y Yumbe – encuestados que sufrieron grave violencia o injusticias dijeron haber absuelto al autor de éstas en una tasa del 68%. Del mismo modo, el 86% de todos los encuestados coincidió en que “es bueno para las víctimas practicar el perdón luego de la violencia.” Diez grupos focales, 27 entrevistas y un taller de validación de la investigación confirmaron la verosimilitud de los hallazgos.

El perdón, para los ugandeses, es en parte una renuncia al resentimiento, pero también es, sobre todo, una construcción de la relación correcta, la voluntad de ver a los perpetradores bajo una nueva luz. Una mujer de Lira cuya hija fue secuestrada por el Lord’s Resistance Army (Ejército de Resistencia del Señor) buscó a la madre del secuestrador de su hija y ofreció el perdón a él y a su clan y animó a otros padres a perdonar. Ella es un ejemplo de cómo el perdón puede construir la paz en lugar de simplemente renunciar a la venganza.

Los encuestados destacaron que el perdón es una decisión del corazón. En muchos casos, las víctimas perdonaron responsables que no estaban presentes, o incluso muertos. Muchos sostienen que el perdón es un proceso difícil y de largo plazo, mientras otros encontraron simplemente imposible perdonar. Aun así, el perdón es común entre la población.

La encuesta encontró que el perdón no excluye otras dimensiones de la justicia. Los ugandeses igualmente favorecen los juicios especiales, las comisiones de la verdad, la confesión, la disculpa, las reparaciones y el desarrollo económico. Sin embargo, incluso cuando estas otras medidas de justicia transicional están ausentes, los ugandeses están todavía dispuestos a perdonar.

¿Por qué los ugandeses eligen perdonar? La razón más fuerte es la religión. El 82% de los que han practicado el perdón citó la religión como un motivo. El 97% de los encuestados estuvo de acuerdo en que los líderes religiosos deben alentar el perdón. Estos resultados no son de extrañar, Uganda es un país muy religioso de acuerdo a las tasas de asistencia a los servicios religiosos y de oración. El perdón es una enseñanza central del cristianismo, la religión de la gran mayoría, y es importante en el Islam, también fuertemente representado en el estudio.

Un alto número de encuestados también citó tradiciones tribales como una fuente de motivaciones y apoyan los rituales y ceremonias culturales como contexto para el perdón. Los encuestados también señalaron con frecuencia a su familia como la escuela del perdón.

Los participantes en el estudio también se motivaron a perdonar por los beneficios que el perdón trae. El 67,5% de los encuestados estuvo de acuerdo que el perdón permite a una víctima superar la ira. Entre los que han practicado el perdón, 92% informó que hacerlo les trajo más paz o menos ansiedad. Fuertes mayorías están de acuerdo en que el perdón puede traer paz y estabilidad a las comunidades y fomentar el desarrollo económico. Sorprendentemente, un gran número de víctimas citó a su agresor como beneficiario del perdón. Entre los encuestados que habían practicado el perdón, el 58% perdonó porque querían también sanar a los que les habían provocado graves lesiones y trauma.

La principal recomendación del informe es que el perdón sea incorporado en los procesos de construcción de paz y en los de justicia transicional. Porque el perdón es auténtico sólo cuando se practica libremente – de nuevo, desde el corazón – y se promueve mejor cuando no tiene es mandado, con guion, o presionado. Los líderes religiosos y políticos pueden promover el perdón a través de su ejemplo. Los líderes culturales pueden incorporarlo en los rituales tradicionales para reintegrar a los perpetradores de la violencia en sus comunidades. Iglesias, escuelas y otras organizaciones de la sociedad civil pueden enseñarlo a sus miembros. Promovido en todos los niveles de la sociedad, practicado ampliamente entre la población de Uganda, el perdón puede hacer mucho para aplacar las emociones de venganza y odio y para diseñar una paz sostenible.

Esta pieza fue co-escrita por Stephen Oola y el profesor Daniel Philpott

Tomado de Insight Conflict – Traducido por @davidgiraldo10

Boletín Número 1 (Septiembre 2015) 

Hola, recibe un cordial saludo de parte de la Fundación Plan Perdón.

En lo que va corrido del año hemos cumplido varias de las metas que nos habíamos propuesto como parte de nuestra misión y queremos compartirlo contigo.
Recientemente lanzamos la exposición “Los Rostros del Perdón” y ya está disponible para ser llevada a colegios, universidades, consulados, etc. De hecho, si vives en Londres, la podrás ver en el Consulado de Colombia entre el 2 y el 20 de noviembre de este año. Por favor no dudes en contactarnos si te interesa tener más información al respecto o si sabes de un lugar a dónde podamos llevar nuestra reflexión sobre el perdón de esta manera.
De otra parte, este año hemos participado en varios eventos que se han realizado en distintos lugares del mundo a los cuales hemos llevando nuestras reflexiones y hemos hablado de nuestro trabajo por el perdón y la reconciliación. Uno de ellos se realizó en la Universidad Javeriana de Bogotá, en alianza con el Instituto Pensar y Rodeemos el Dialogo.
Por último pero no menos importante, damos la bienvenida a la Doctora Nathalia Rivera Andrade como representante legal de la Fundación en Colombia.
Por favor no dudes en compartir esta información con otras personas si consideras será relevante para ellas y si por alguna razón no deseas recibir más nuestros correos, por favor háznoslo saber.

Perdón y Construcción de Paz en Colombia                                           

Bogotá, Universidad Javeriana – Junio 17 de 2015

 ’Perdonar no es sólo decir “yo perdono”; es recordar sin odio ni rabia. Logré perdonar al ponerme en los zapatos de la otra persona y, cuando entendí que el pasado es pasado, perdonar me permitió liberarme del dolor y del resentimiento, para no transmitirlo a otros’.  Yadira Perdomo, 22 años. Estudiante de música. Víctima de matoneo escolar.

El Instituto Pensar, Plan Perdón y Rodeemos el Diálogo invitaron a una reflexión sobre el papel del perdón en la construcción de paz. El conversatorio contó con la presencia de Martha Luz Amorocho, víctima del atentado de El Nogal y participante en una de las delegaciones de víctimas en La Habana, David Giraldo, director de Plan Perdón y  Andrei Gómez, miembro de ReD e investigador asociado de la Universidad de Oxford.

La conversación nos ayudó a entender el perdón en tres diferentes  facetas: primero, como una fuente de inspiración para la resolución de conflictos; segundo, como un proceso que implica una transformación personal en relación con el “otro”; tercero, como elemento de sanación.

La discusión puso de manifiesto que en Colombia, y en otros países que han atravesado un conflicto armado, persisten las tensiones que surgen entre víctimas y victimarios, lo que crea un escenario para la prolongación o la reanudación del conflicto. Esto nos lleva a reflexionar: ¿A qué están dispuestos los individuos y cada sociedad para lograr la paz?

En este contexto es fundamental reconocer el poder del perdón. El perdón entendido no sólo en su connotación religiosa, con la que generalmente se asocia, sino también entendido como un acto político, un acto humano, un acto de liberación. El perdón como una opción personal y no como una obligación, ya que éste no puede ser impuesto desde afuera.

El perdón puede contribuir a la no repetición de hechos violentos. Sin embargo, hay que precisar que el acto de perdonar es independiente de los procesos de aplicación de justicia. El perdón es un acto humano, individual. La justicia es una responsabilidad institucional.

El conflicto armado en Colombia ha dejado millones de víctimas que encarnan historias que merecen ser contadas, escritas, escuchadas o compartidas: “Cuando cuento, libero”, es lo que nos comparte uno de los asistentes, quien perdió a varios miembros de su familia en hechos violentos y continúa siendo amenazado; manifiesta que su forma de sanar ha sido escribir su historia, la que resultó en la publicación de un libro con su testimonio.

Perdonar implica recordar sin dolor, haciendo posible a quien perdona continuar con su vida y abrirse a la posibilidad de generar nuevas alternativas que contribuyan a una sociedad en paz. Esta relación que existe entre perdón y paz, hoy toma relevancia en el contexto de los avances alcanzados en la mesa de conversaciones entre el Gobierno de Colombia y las FARC-EP.

Por tanto, iniciativas como Plan Perdón representan un aporte valioso en este momento, pues su misión es destacar casos de personas que han decidido perdonar a sus agresores, como una manera de seguir viviendo y construyendo un futuro para sí y para la sociedad. Entre sus mecanismos de divulgación desarrollan  charlas y talleres, una página web, un libro que está incubándose, y una exposición itinerante que consta de varios paneles que muestran las imágenes y los testimonios de perdón de varias de las personas que han sufrido los efectos de la violencia y han optado por perdonar como una nueva opción de vida.

Igualmente, es necesario reconocer que el Estado colombiano viene haciendo importantes aportes desde la institucionalidad, a través del Centro Nacional de Memoria Histórica, para reconocer el pasado  y propiciar un contexto más favorable al perdón individual y colectivo. No obstante, lo cierto es que el conflicto armado en Colombia ha sido sentido por todos y todas con intensidades diferentes; entonces, ¿Cómo conciliar el perdón con la impunidad? ¿Cómo visibilizar en la sociedad las experiencias positivas de perdón vividas por las víctimas? ¿Cómo percibe el “otro” la decisión de la víctima de perdonar? ¿Finalmente, cómo podemos contribuir a la formación de nuestros ciudadanos en la ética del cuidado por el otro?

Escuchar la historia de perdón de una madre que, tras el atentado de las FARC-EP al Club El Nogal de Bogotá, tuvo que presenciar la muerte de uno de sus hijos, al mismo tiempo que enfrentaba el coma de 13 días al cual logró sobrevivir su otro hijo, hoy en condición de discapacidad, o la de una estudiante que sufrió en silencio el matoneo de sus compañeros de clase, hasta que un día cualquiera cayó al vacío y chocó contra un pupitre, quedando privada de la movilidad de sus piernas -al perder el equilibrio mientras intentaba bajar del balcón, al cual sus compañeros la desafiaron a subir para rescatar un balón que habían lanzado intencionalmente- nos permite ver la capacidad de los seres humanos de aceptar lo sucedido y encontrar la fuerza para mirar hacia adelante, empezar a crear nuevas oportunidades y renunciar al odio en sus vidas. Ellas han convertido su dolorosa experiencia en una oportunidad para invitar a otros a la reflexión, al cuidado del otro y a la prevención de actos violentos.

Entonces, evocar la historia vivida y recordar el hecho particular que signa a una víctima, no puede entenderse como un acto revictimizante. Cada víctima tiene la opción de decidir qué hacer con aquello que le pasó, eligiendo o no el perdón y la construcción de paz como posibilidad. Y ese “volver” es también volver sobre sí mismo, dimensionando lo que se perdió y lo que se está procesando como dolor individual, pues en la ruta hacia el perdón es preciso perdonarse a sí mismo. Aquí acontece el giro hacia el cambio.

Estas vidas singulares de las víctimas, convertidas -como diría Foucault hablando desde una condición poética- “por oscuros azares, en extraños poemas”, finalmente transmiten en sus voces que perdonar es una forma de restablecer las relaciones sociales que se perdieron en el conflicto y por lo tanto implica un proceso de organización y articulación de la sociedad civil para dar lugar a la reconciliación, uno de los mayores retos del país en medio del actual proceso de paz.

El Poder de Perdonar*

Plan de Perdón es una iniciativa única, que desde hace mucho tiempo era necesaria en Colombia y está contribuyendo de manera sustancial para que la sociedad colombiana logre reconstruir su tejido social.

Sin embargo, el reto es enorme. Estamos en una coyuntura en la que tres procesos se entremezclan: (1) las conversaciones de paz entre el gobierno y las FARC, (2) la profundización de una política macroeconómica que busca luchar contra la pobreza a través de la inversión privada transnacional y (3) el desarrollo e institucionalización de un régimen mundial de derechos humanos. De éstos surgen tensiones y contradicciones.

En este momento diferentes sectores de la sociedad deben trabajar juntos para fortalecer un tejido social que acepte la diferencia y la respete; que abra el camino para que individuos y comunidades alcancen un nivel de bienestar que satisfaga sus expectativas en la vida. Plan Perdón, ha convocado a diversos colombianos en Colombia y en el exterior para que compartan sus historias de perdón. Esta experiencia ha empezado a desatar el poder de perdonar y a contribuir a la recomposición de nuestro tejido social.

Mi historia de Perdón
Yo tenía 10 años cuando ‘ellos’ mataron a Jaime Pardo Leal (presidente de la Unión Patriótica –UP), tenía 12 años cuando ‘ellos’ mataron a Luis Carlos Galán (precandidato presidencial del Partido Liberal), a Bernardo Jaramillo (candidato presidencial por la UP) y a Carlos Pizarro (candidato presidencial por la AD- M19). No entendía mucho de política en ese entonces, pero recuerdo llorar mucho cuando las noticias de sus asesinatos llegaban a través de la tele.

No entendía por qué ‘ellos’ habían matado a mis héroes. Yo creía en Pardo tanto como creía en Galán. Por lo tanto odié ‘aquellos’ que los mataron y pensé que nunca los perdonaría. Escribiendo estas palabras, me doy cuenta que tan difícil ha sido perdonar a los perpetradores por no saber quiénes fueron y porque no han pedido perdón.

Perdón y perdonar: definiciones
Mi historia me permite explorar la relación de perdonar con tres elementos: el saber (la verdad), el olvido (la memoria) y el poder (el afecto). Pero antes quisiera hacer una aclaración.

No hay un significado universal de perdón. Perdonar cambia de acuerdo al contexto y al tiempo. Además se entiende de manera distinta por los actores involucrados en la acción de perdonar y aquellos que son testigos de dicha acción. Perdonar es un verbo; un proceso; una actuación –por así decirlo; mientras que el perdón es un sustantivo; un estado; una abstracción. Al hablar de perdonar quisiera llamar la atención sobre la cambiante y flexible acción de perdonar, que se relaciona con lugares y contextos determinados y que se vincula a procesos más amplios.

La acción de perdonar no se inicia y termina con las partes involucradas en el hecho que produjo el daño. Va más allá de la memoria de los actores involucrados. Inconscientemente, perdonar también surge y se cristaliza en coyunturas particulares. Como tales coyunturas se caracterizan por las tensiones de una multiplicidad de fuerzas, las iniciativas alrededor del perdón deben ser sensibles frente a las relaciones de poder y los esfuerzos de resistencia. La misma acción de perdonar legitima nuevas relaciones de poder al mismo tiempo que crea resistencia contra el statu quo.

Saber y Perdonar: El Poder de la Verdad
Perdonar es posible porque los seres humanos tenemos la capacidad de afectar y ser afectados. Creo que sólo podemos perdonar cuando somos afectados por otros; así se materializa el perdón. Perdonar es una acción social. Perdonamos cuando hay otro al cual perdonar. En la ausencia de un perpetrador la acción misma de perdonar es imposible.

El saber/imaginar que paso es central para perdonar. El saber puede surgir en un diálogo concreto entre afectado y afectador o en un diálogo imaginario en la mente del afectado. Lo cierto es que cuando el afectado ‘sabe la verdad’ la acción de perdonar empieza a florecer porque puede contemplar la posibilidad de perdonar.

Olvidar y Perdonar: El Poder de la Memoria
La memoria es parte central de perdonar. El reconocimiento de lo que pasó acerca a las personas y les permite seguir adelante. De esta forma saber y perdonar florecen juntos. Cuando los afectados comparten su sufrimiento y otras personas lo entienden la construcción social de la memoria ocurre. Cuando los perpetradores comparten el razonamiento que guío su actuación, escuchan a aquellos han afectado y re-evalúan sus acciones la posibilidad de reconstruir el tejido social a través de perdonar empieza a tomar forma. Por lo tanto, perdonar se basa en el poder de compartir.

El olvido se opone diametralmente a la acción de perdonar. Aunque el mecanismo del olvido es parte de nuestra humanidad, su instrumentalización sólo iría en contra del poder de perdonar. Si se evita dicha instrumentalización, no hay razón para asociar el poder de perdonar con impunidad.

Compartir y Perdonar: El Poder del Afecto
El poder de compartir se basa en la circulación de las mismas emociones (solidaridad). Cuando compartimos nuestra tristeza esperamos que el otro pueda sentir nuestra tristeza, así fortalecemos la simpatía entre nosotros. Si este intercambio no ocurre, y en vez de tristeza nuestro interlocutor siente felicidad, entonces la antipatía rompe el poder de compartir.

Ya que la circulación de emociones ocurre en un contexto particular, el alineamiento de múltiples procesos y eventos es fundamental para asegurar que el poder de compartir crezca haciendo posible el continuo florecimiento de perdonar. Por lo tanto, es muy importante tomar decisiones políticas que hagan de esta coyuntura en Colombia un espacio propicio para perdonar.

Una coyuntura en la que más y más colombianos se sientan inclinados a perdonar porque reconocen que los espirales de violencia son cosa del pasado, ya que muchos perpetradores han entendido la humanidad de los afectados y se han comprometido a la no repetición, no es solo responsabilidad del Estado.

Perdonar está muy relacionado con el poder. El poder entendido como la fuerza que está presente en todas partes y que tiene como compañera eterna a la resistencia. Perdonar libera fuerzas para que individuos se reinventen y más amplias redes sociales también.

Plan Perdón
Plan Perdón va a cumplir un año de estar contribuyendo a este momento crucial en Colombia. El solo hecho de haber reunido y acercado a cientos de personas para hablar de perdonar ha sido un paso gigante para despolarizar el debate entre colombianos. Además ha sido pionero en un proceso a través del cual los colombianos han comenzado a: (1) visibilizar y documentar cómo historias de perdón florecen a lo largo del tiempo, (2) contribuir a la construcción social de una memoria que permite la actuación diaria de perdonar, (3) creer en el poder de la verdad para reconstruir el tejido social colombiano y (4) empoderar a individuos para inventar un futuro en el que todos podemos coexistir.

Plan Perdón no ha caído en la trampa de reforzar las relaciones desiguales de poder, o de convertirse en una excusa para la impunidad y el olvido en Colombia, más bien mediante la recopilación de historias de perdón está creando un ejemplo de cómo la verdad y la memoria son componentes esenciales para crear una sociedad más justa en la que los afectados se empoderan y los perpetradores se transforman a través del poder de compartir y la acción constante de perdonar.

Este es el verdadero poder de perdonar: emerger gracias a la convergencia de la verdad y la memoria como un mecanismo a través del cual los seres humanos podemos reconocer nuestra humanidad y coexistir. Plan Perdón está materializando este poder. El pasar del tiempo dirá a qué puerto nos lleva el liberar las fuerzas de perdonar. Sin duda un puerto mucho mejor, como el que imagino García Márquez.

Andrei Gomez-Suarez – Associate Researcher Centre for Criminology (Oxford) & Sussex Centre for Conflict and Security Research. andrei.gomez-suarez@crim.ox.ac.uk


* Este blog se basa en mi discurso en el lanzamiento del Plan Perdón en Canning House. Londres 1 de Julio de 2013.

 Un marco teórico

Sin duda la palabra perdón toca nuestras fibras más íntimas como seres humanos, por lo siempre será un tema sensible, complejo. Y lo es aún más en una sociedad como la nuestra, que a diario convive con demostraciones de dolor, de odio, de venganza; asediada por un conflicto armado que ha dejado millones de víctimas y que no logra ponerse de acuerdo en un proceso de paz que a la postre, plantea tantas preguntas al respecto. Siendo así, resulta de vital importancia establecer un breve marco conceptual a Plan Perdón, en un intento por clarificar lo que hacemos.

Nosotros creemos que el perdón permite a quien sufrió una ofensa, herida o daño, recordar lo sucedido sin dolor por lo que es una forma de reparar seres humanos y por ende, de reparar relaciones y sanar sociedades. Esto en nada se opone a la búsqueda de justicia o al derecho a saber la verdad de lo que pasó. Perdonar de ninguna manera significa olvido ni es igual a impunidad. El perdón, tal como nosotros lo entendemos, es un proceso (toma tiempo) que requiere voluntad y esfuerzo por parte de quien ha sido herido, lastimado o maltratado. Es un camino personal e íntimo que nadie está obligado a transitar.

No obstante, Plan Perdón no parte de verdades predeterminadas y es más bien una invitación a explorar el perdón, a reflexionar sobre él a partir de las experiencias de otros, a preguntarnos sobre sus posibilidades, sobre sus retos, a determinar si es o no una alternativa viable para resolver conflictos individuales y sociales. Lejos de instruir en una nueva verdad, Plan Perdón es el reconocimiento a unas experiencias de vida que no merecen permanecer anónimas, que nos devuelven la esperanza.

La nuestra es una iniciativa 100% ciudadana, sin afiliaciones políticas ni religiosas. Es una organización que no se funda en creencias religiosas ni espirituales pero que es siempre respetuosa de ellas, especialmente de aquellas que han contribuido a que las personas logren perdonar. Nuestro objetivo es jugar un rol activo en la construcción de paz en Colombia a través de reflexiones sobre el perdón.

Entrevista en Caracol

Conozca el Plan Perdón, animado por un colombiano desde Londres es el título de la nota de la entrevista realizada el pasado 3 de julio (2013) a David A. Giraldo-Gómez en el programa Hoy por Hoy de Caracol Radio, dirigido por Gustavo Gómez.

 

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